La escritora nigeriana nos explica su infancia, cómo ella empieza a leer a los cuatro años literatura infantil inglesa y estadounidense.
Una peculiariedad de las cosas que ella dibujaba y que escribía cuando ella era solo una niña, era que todos los personajes eran blancos y de ojos azules, que jugaban en la nieve y comían manzanas, a pesar de que en Nigeria no hubiera nada de eso.
Pronto se dio cuenta que también había libros de los que ella se podía identificar. Eso le dió pie a escribir sobre lo conocido.
Vivió una situación con Fede, el criado de su familia. Fede era muy pobre y un buen día Chimamanda visitó a su familia y se sorprendió porque el hermano de Fede fabricaba cestas, ella nunca habría imaginado que esa familia era otra cosa además de gente pobre.
Después se trasladó a EE.UU para cursar la universidad. Su compañera se quedó sorprendida al ver que su compañera de color sabía inglés y escuchaba música de Mariah Carey. Eso se debía a que ella solo tenía el concepto de Africa como miseria y hambre y poca sabiduría.
Tal y como nombra Chimamanda, las historias únicas te hacen creer un único estereotipo de historia, y el problema de los estereotipos pueden ser incompletos o, en algunos casos, poco reales. Por ejemplo, Africa, es un continente mayoritariamente pobre, pero también hay zonas donde se vive bien.
